Carcoma, termitas y polillas. Como resolverlo si se encuentran en sus muebles. 

Los muebles antiguos tienen algo especial. Han sobrevivido al paso del tiempo, a cambios de hogar y de uso, y conservan una belleza que solo los años pueden dar. Sin embargo, existen amenazas silenciosas que pueden comprometer su integridad si no se detectan a tiempo. La carcoma, las termitas y las polillas son tres de las más habituales, y conocerlas es el primer paso para proteger correctamente el mobiliario.

La carcoma es, probablemente, la más conocida. En realidad, no se trata de un insecto en sí, sino de las larvas de ciertos escarabajos que se alimentan de madera. Estas larvas viven en el interior del mueble durante años, excavando pequeñas galerías mientras crecen. Su presencia suele pasar desapercibida hasta que los insectos adultos salen al exterior, dejando como señal pequeños orificios redondos en la superficie de la madera. Junto a estos agujeros aparece un serrín muy fino, conocido como quera, que delata una actividad reciente. Aunque visualmente pueda parecer un daño leve, una infestación prolongada puede debilitar seriamente la estructura de la pieza.

Trazas de carcoma sufrido en baúl antiguo

Las termitas representan una amenaza más grave. Son insectos sociales que viven en colonias muy organizadas y se alimentan de celulosa, el principal componente de la madera. A diferencia de la carcoma, las termitas trabajan de forma silenciosa y oculta, consumiendo la madera desde el interior sin dejar señales evidentes en la superficie. Cuando el daño se hace visible, suele estar ya muy avanzado. En algunos casos se pueden observar pequeños túneles de barro sobre la madera, que las termitas construyen para protegerse de la luz, o notar que el mueble suena hueco al golpearlo suavemente. En ocasiones, también es posible ver termitas obreras, de color blanquecino y aspecto similar al de las hormigas.

Carcoma

Las polillas, aunque no afectan directamente a la madera, también pueden causar daños importantes en muebles antiguos, especialmente en aquellos que conservan tapicerías, textiles o interiores forrados. Las responsables no son las polillas adultas, sino sus larvas, que se alimentan de fibras naturales como lana, lino o algodón. Su presencia se detecta por pequeños agujeros irregulares en las telas, hilos sueltos o incluso pequeños capullos ocultos en rincones, cajones o zonas poco visibles del mueble.

Polillas

Actuar frente a estas plagas requiere un enfoque adecuado en cada caso. En infestaciones leves de carcoma, es posible aplicar tratamientos específicos directamente en los orificios, utilizando productos insecticidas diseñados para este fin. Sin embargo, cuando la infestación es extensa o se trata de una pieza de valor, lo más recomendable es recurrir a profesionales especializados, que pueden aplicar tratamientos más profundos y controlados, como inyecciones a presión o fumigaciones específicas.

En el caso de las termitas, la intervención profesional es imprescindible. Debido al tamaño y la complejidad de las colonias, los tratamientos caseros rara vez resultan eficaces. Las empresas especializadas utilizan sistemas de cebos, barreras químicas y otros métodos diseñados para eliminar la colonia completa y evitar que el problema reaparezca.

Para las polillas, una limpieza profunda es fundamental. Aspirar cuidadosamente el mueble, prestando atención a grietas y rincones, y lavar las telas afectadas con agua caliente ayuda a eliminar larvas y huevos. Como medida preventiva, es aconsejable guardar los textiles en bolsas herméticas y utilizar repelentes naturales como la madera de cedro, la lavanda o el alcanfor, especialmente en cajones y armarios.

La clave para conservar los muebles antiguos está en la observación y la actuación temprana. Revisarlos periódicamente, prestar atención a pequeños cambios y actuar con rapidez ante cualquier señal puede marcar la diferencia. Con los cuidados adecuados y, cuando es necesario, la ayuda de profesionales, estas piezas con historia pueden seguir acompañándonos durante muchos años más.