Mimbre y ratán: entender su naturaleza

En el mundo de los muebles y objetos de fibras naturales es muy habitual que los términos mimbre y ratán se utilicen como si fueran lo mismo. A simple vista, ambos evocan ligereza, tradición y un trabajo artesanal que conecta con lo natural. Sin embargo, aunque están estrechamente relacionados, no son exactamente iguales. Conocer la diferencia no solo ayuda a identificar mejor una pieza antigua, sino también a apreciar su calidad, su durabilidad y el valor del trabajo que hay detrás.

El ratán es, en esencia, el origen de todo. Se trata de una materia prima natural que proviene de una planta trepadora de la familia de las palmeras, que crece en las junglas del sudeste asiático. Sus tallos son largos, sólidos y sorprendentemente flexibles, una combinación que los ha convertido durante siglos en un material ideal para la fabricación de muebles y objetos resistentes. En muchas piezas antiguas, el ratán se utiliza tal cual, formando la estructura principal del mueble, esa parte que soporta el peso y le da estabilidad.

Antigua cesta tejida de ratán (1920)  – AMARU ANTIQUES

De ese mismo tallo de ratán nace el mimbre. Cuando se pela la corteza exterior y se corta en tiras finas y manejables, se obtiene el material que conocemos como mimbre. Por eso, el mimbre no es una planta en sí misma, sino una forma de trabajar el ratán. Estas tiras flexibles se entrelazan a mano para crear superficies tejidas, dando lugar a cestas, respaldos, asientos y todo tipo de objetos donde el trenzado es protagonista.

La diferencia entre ambos materiales se percibe claramente cuando se observa una pieza con atención. El ratán suele mostrarse en elementos más gruesos y redondeados, visibles en el armazón del mueble o en las partes estructurales. El mimbre, en cambio, aparece en forma de tejido, creando patrones delicados que recuerdan al trabajo de la cestería tradicional. Uno aporta fuerza y solidez; el otro, ligereza y detalle.

Su uso principal es para tejer. Estas tiras se entrelazan para crear diferentes objetos. El mimbre aporta el característico aspecto de cesta trenzada.

Antigua cesta de mimbre tejida a mano (1920)   – AMARU ANTIQUES

Entender esta distinción permite mirar los muebles y objetos antiguos con otros ojos. Una cesta, una butaca o un baúl ya no son solo piezas decorativas, sino el resultado de un equilibrio entre resistencia y flexibilidad, entre materia prima y trabajo artesanal. Reconocer dónde termina el ratán y dónde empieza el mimbre es también una forma de valorar el tiempo, la técnica y las manos que dieron forma a cada objeto.

La próxima vez que te detengas frente a una pieza de este estilo, fíjate en sus detalles. En las curvas del armazón, en el trenzado paciente de las tiras, en las pequeñas irregularidades que hablan de un trabajo hecho a mano. Porque en esos matices es donde se esconde la verdadera belleza de los muebles y objetos con historia.