¿Qué es el estilo Art Déco?

En el mundo del diseño y de las antigüedades, hay estilos que se reconocen casi al instante, incluso sin saber ponerles nombre. El Art Déco es uno de ellos. Tiene una presencia clara, segura y elegante, capaz de transformar un espacio con solo una pieza. Sus líneas geométricas, sus materiales sofisticados y su aire atemporal lo han convertido en uno de los movimientos más admirados del siglo XX.

Estilo Art Déco

El Art Déco nació en Francia durante la década de 1920, en un momento de profundos cambios sociales y culturales. Fue una respuesta directa a la ornamentación exuberante del Art Nouveau, apostando por un lenguaje más moderno, ordenado y funcional.

Sin renunciar al lujo, este estilo buscaba reflejar el espíritu de progreso de la época, marcado por la industrialización, la arquitectura vertical y el glamour emergente del cine y las grandes ciudades. No es casualidad que algunos de los edificios más emblemáticos de Nueva York, como el Chrysler Building, se hayan convertido en auténticos iconos del Art Déco.

Guardian Building Exterior, Detroit, Michigan

En los muebles y objetos decorativos, este estilo se expresa a través de formas claras y bien definidas. Las líneas rectas conviven con curvas elegantes, los volúmenes son equilibrados y la simetría juega un papel fundamental. Todo está pensado para transmitir orden, sofisticación y una sensación de modernidad que, incluso hoy, sigue resultando sorprendentemente actual.

Los materiales son otra de las claves del Art Déco. Se valoraban las maderas nobles y oscuras, como el ébano o el palisandro, combinadas con metales pulidos como el cromo o el latón. Los contrastes eran esenciales: superficies lacadas en negro junto a detalles dorados, vidrio fumé dialogando con acero brillante. Cada pieza buscaba transmitir lujo, pero de una forma contenida y elegante, sin excesos decorativos.

Aunque el Art Déco miraba al futuro, también encontraba inspiración en culturas antiguas y lejanas. El descubrimiento de la tumba de Tutankamón en 1922 despertó un gran interés por el antiguo Egipto, cuyas formas y símbolos se reinterpretaron de manera estilizada. También se perciben influencias del arte africano y oriental, así como referencias a la naturaleza, representada de forma abstracta y geométrica a través de flores, fuentes o animales estilizados como gacelas o aves.

El uso del color es otro de sus rasgos más característicos. Los interiores y objetos Art Déco apuestan por tonos intensos y sofisticados: negros profundos, verdes esmeralda, rojos intensos, azules vibrantes y acabados dorados o plateados. Las superficies pulidas, lacadas o espejadas ayudan a reflejar la luz y a crear una atmósfera de elegancia y opulencia discreta.

Sillas Art Deco antiguas para jardín con motivos florales (c.1900) – AMARU ANTIQUES

Reconocer una pieza Art Déco implica observar con atención. La estructura suele ser geométrica y bien definida, los materiales transmiten calidad y solidez, y la decoración, aunque presente, nunca resulta recargada. Las piezas originales suelen situarse entre las décadas de 1920 y 1940, y conservan ese equilibrio tan particular entre lujo y sobriedad que define al estilo.

El Art Déco representa una época que celebró el avance, la estética y la confianza en el futuro. Incorporar una pieza de este estilo en un espacio actual no es solo una elección decorativa, sino una forma de mantener viva la esencia de un momento histórico en el que el diseño supo unir arte, modernidad y elegancia con una personalidad inconfundible.